jueves 22 de octubre de 2009

Diez tendencias del periodismo del futuro

En la última edición de la Online News Association (ONA) Conference, realizada los primeros días de este mes en San Franciso, EE.UU, la ex periodista de Newsweek y The Wall Street Journal Amy Webb -hoy reconvertida en especialista en “evangelización tecnológica” de redacciones en todo el mundo- compartió una serie de innovaciones que con seguridad cambiarán la historia de los medios en los próximos años.
Webb mencionó algunas tendencias y servicios on line que se sumarán a los ya utilizados en el trabajo periodístico, como los dispositivos móviles, Twitter, el contenido generado por los usuarios (UGC), Facebook, cartografía digital, blogs y RSS. A saber:

  • Internet en tiempo real (Real-time web). Hay muchos motores de búsqueda alternativos que entregan resultados sobre lo que están haciendo los usuarios en un momento puntual, las tendencias y los grandes temas de debate. Sitios como Flock, Samepoint, Socialmention y Livestation, entre otros, aportan tendencias de consumo en tiempo real que facilitan la decisión editorial sobre qué temas incluir en la agenda periodística.
  • Blogs livianos (Lightblogging). La posibilidad de publicar cualquier contenido multimedia con un simple click. Es el caso de Tumblr o Posterous.
  • Personalización. La audiencia demandará cada vez más contenidos periodísticos a medida de sus expectativas, con la posibilidad de hacer aportes y colaborar en la producción.
  • Realidad aumentada. Algunos dispositivos incluyen tecnología que permite mirar a través del display información contextual de la imagen capturada en video o foto. Hay que escudriñar en Living Sasquatch, Yelp, Wikitude, AcrossAir y Robotvision.
  • Geolocalización. Si bien Google Maps y Earth son herramientas muy utilizadas en el periodismo de hoy, Webb señala otras tecnologías más orientadas como Loopt y Navteq.
  • La Internet de las cosas simples. Conectar el mundo real con el mundo on line. Un mundo en el que el acto de conectarse dejará de ser ocasional, se naturalizará a través de tecnologías como Pachube y Glympse.
Publicado por Conectados, de La Nación Blogs.

miércoles 7 de octubre de 2009

Antropología periodística o televisión cruel


 

Por lo menos siete espacios nocturnos de la tevé abierta se sustentan en imágenes duras de la miseria. Con enfoque buchón, conmovido o solidario, usan las historias de la pobreza como materia prima. Y ganan en audiencia.

Es casi imposible efectuar un zapping por los canales de aire en horario nocturno y no encontrar alguna escena de sexo o de violencia lanzada, como un mazazo, desde un programa periodístico. Imágenes que, además, repetirán los programas de archivo semanales. Sucede que la oferta de “periodismo social televisado” es vasta en la grilla de los canales, y esas dos temáticas favoritas parecen ser garantías de un buen número en el rating. GPS, Calles salvajes, Documentos América, Vidas paralelas (los cuatro de América, todos con promedios cercanos a los 4 puntos para una señal que, en septiembre quedó última, con promedio de 4.5 puntos, después de Canal 7), La Liga (Telefe, promedio de 14 puntos), Cárceles (Telefe, supera los 14 puntos), Policías en acción (El Trece, que también con 14 puntos de promedio sube el de Telenoche, que lo antecede) son ejemplos de programas que privilegian las historias por sobre los invitados en el piso, el recorrido callejero antes que la reflexión detrás de un escritorio, la cámara al hombro por sobre la estabilidad del sillón en el estudio.

La proliferación de estos programas que usan las historias de pobreza y marginalidad como materia prima no es un fenómeno nuevo. Pero su auge actual permite que, cada noche, cualquier televidente, al encender la tele, asista a peleas de borrachos a la salida de un boliche, escenas de chicas pasadas de copas que se caen al piso, piñas conyugales o cuerpos desnudos. Imágenes que se muestran en efectista primer plano, mientras la audiencia indica que sigan y algunas voces críticas denuncian la manipulación que implica presentar como normal y cotidiano una realidad durísima. O como folclore tumbero (Cárceles), una que se cobra vidas humanas a puerta cerrada. La estigmatización del entrevistado, la exposición de la miseria y hasta el trato benigno hacia los delincuentes están primeros en la lista de las acusaciones. Pero el prime time permanece indiferente y los conductores oscilan entre el ánimo denunciador casi policíaco, disfrazado de supuesto periodismo de investigación –las correrías sin aliento de Facundo Pastor en Documentos América–, y los palermitanos sensibles que se conmueven tanto visitando las casas de las villa miseria que hasta lagrimean (La Liga).

“Las audiencias masivas, las que todavía frecuentan la televisión abierta, prefieren estos programas antes que otros programas periodísticos más tradicionales, de invitados en el piso o periodistas parados explicado delante de un plasma –dice Rolando Graña, conductor de GPS y antes de Puntodoc–. Esto no sólo se comprueba en las mediciones promedio sino también en el minuto a minuto de los propios programas”. Para Graña, éste no es un momento de explosión de su género televisivo. “Más que un auge de programas sociales, te diría que hay un auge de una manera de registrar fenómenos que antes no eran tenidos en cuenta, o que sólo se conocían por relatos indirectos. La manera de filmar que abrieron programas como Policías en acción o GPS hoy está en casi todos los noticieros. Modestamente, creo que buena parte del debate que existe hoy en la sociedad sobre el reviente de los chicos, sobre las peleas de borrachos a la salida de los boliches, fue en gran medida instalado por nuestra manera de mostrar estos fenómenos”.

Gustavo Hazan es el productor ejecutivo de Policías en acción y teoriza sobre qué clase de televidente mira su producto: “Nuestro programa muestra una realidad que no se conoce; y considero que hay tres clases de público: aquel que lo ve desde afuera pero que se regocija; otro que es protagonista de lo que ve, y por lo tanto se ve reflejado; y hay un tercer público que se divierte con las ‘bizarradas’. Está claro que hay una tele nociva, pero no es la nuestra, porque nosotros bajamos línea pero sin bajar línea. Es decir, no pretendemos que se prohíba el consumo de alcohol, pero mostramos esa problemática. Estos programas ponen en evidencia cómo se agarran a piñas en los boliches y con qué frecuencia, pero después la señora corrobora que su hijo no llega con el ojo morado a su casa, o los hijos, que no todos los padres llegan alcoholizados a sus casas”.

Guillermo Favale conduce Vidas paralelas junto a Luciana Arias y Gisela Marziotta. El periodista no concuerda con quienes les atribuyen a los programas periodísticos sociales una visión peyorativa del entrevistado, aunque reconoce que el reflejo de la realidad es más bien turístico. “Me molesta cuando un colega se pone en tono amistoso con un pibe chorro. Es más fácil y más cómodo hacer una nota desde un lugar de ‘amigo’ que hacer una nota a secas. Cuando salió el primer programa de Vidas… me tocó entrevistar a un pibe chorro, y justo esa semana se emitieron varias notas con ladrones, pero uno no los acompañó a robar, simplemente mostramos algo que sucede, que está ahí. Algunos se creen que los mostramos como héroes, pero negar que es una realidad sería hipocresía. No son historias inventadas, no son extras. Ahora, el rol que ocupan los delincuentes en pantalla es un debate pendiente, una cuestión filosófica. Entre mostrar y no mostrar, prefiero que me critiquen por mostrar. Lo otro sería omitir”, asegura.

SEXO & PERIODISMO ANTROPOLÓGICO. “Es un debate antiguo –dice Graña, categórico–. Hace diez años, en el primer Puntodoc, presenté un capítulo que se llamó ‘Ladrones.doc’, donde solamente hablaban ladrones. Ladrones viejos, pibes chorros, ladrones presos y encapuchados en actividad. Hubo gente que me criticó por entrevistarlos ‘como si fueran gente’. Sin embargo, ese capítulo fue uno de los elegidos por un jurado internacional para darnos el premio Rey de España Televisión, en mayo de 2000”.

Si una pata fundamental de los “periodísticos sociales” de hoy es la violencia, la otra, sin dudas, es el sexo. Florencia Caro es linda, simpática y notera de Calles salvajes, el programa conducido por Martín Ciccioli. La joven no tiene pudores con su cuerpo y por lo general es la encargada de realizar la “nota hot” del programa. Llegó a desnudarse para entrevistar a nudistas. “Estos programas están apuntados hacia una clase media alta que no conoce otra realidad y es la única manera de abrirles los ojos mientras están sentados en su sofá. Después, vuelven a su vida habitual. Ahora, también intentamos divertir, y el sexo es una manera de enganchar a la gente. Los programas de denuncia un poco que saturan, pero lo mismo pasa con los diarios. Fijate si no cuántas noticias son para entretener y cuántas para denunciar realmente”.

Para Lidia Fagale, responsable del Observatorio de Medios de la UPTBA, estos programas tienen un hilo en común: “Hacen periodismo antropológico, y no lo digo de una forma peyorativa. No soy crítica de estos programas, y creo que ayudan a contextualizar el medio, se meten en códigos y subculturas de una sociedad con grandes desigualdades. Los que critican lo hacen desde una posición conservadora”.

Para Favale, el público seguirá mirando este tipo de programas porque “se ve reflejado”: “La gente tiene interés en ver historias que sean similares a las suyas, porque por más raras que parezcan algunas, nunca dejan de tener puntos de contacto”, asegura. “Nosotros no juzgamos situaciones, simplemente nos acercamos a gente que muchos de nuestros espectadores no saben que existen”, dice Florencia Caro.

Desde Policías en acción simplifican con un recurso que puede resultar irónico, pero que se ve al aire: si el informe trata sobre alcoholismo, una placa informará al finalizar el programa: “La mayoría de la gente que vive en el conurbano no es alcohólica”; si esa noche emiten piñas a la salida del boliche, otro cartel aclarará que no todos los jóvenes son violentos. “La mayoría de quienes se dedican a los medios de comunicación tienen visión crítica –dice Favale, del Observatorio de Medios–. Pero yo pienso que estos programas enriquecen al periodismo, y se lo debemos a una generación que incorpora la antropología y la genealogía de problemáticas sociales”.  

Publicada por el diario Crítica de la Argentina

lunes 28 de septiembre de 2009

Las buenas costumbres en las redes sociales

Stephanie Kahn quería disfrutar un par de horas con la novedad de su compromiso matrimonial antes de llamar a tías, tíos y amigos y darles la buena nueva. Estaba todavía digiriendo la novedad cuando se encontró con una fiesta sorpresa organizada por su novio, a la que fueron invitados sus padres y sus amigas más cercanas.

Esa noche perdió el control de la situación en esa fiesta. Algunos de los invitados tomaron fotos y "las pusieron en Facebook antes de que yo pudiese hacer nada", relata Kahn, quien vive en Smyrna, Georgia. "Al día siguiente recibo un par de llamadas y mensajes de texto de personas a las que no había llamado, que se enteraron por Facebook. Creo que estaban bastante molestas".

En la era de Facebook y Twitter, donde las noticias vuelan, las normas que rigen las buenas costumbres están recién tomando forma.

Para complicar las cosas, lo que se considera buenas costumbres en Facebook tal vez no lo sea en Twitter o cuando se envía un correo electrónico. En la actualidad, las noticias grandes como un casamiento, un embarazo, el fin de una relación sentimental o un divorcio fluyen por una mayor cantidad de medios.

"Es algo muy nuevo y nadie sabe bien cómo corresponde manejarse", expresó Brian McGee, un residente de Charlotte, Carolina del Norte, de 33 años, cuya esposa espera un hijo.

Acababa de comprarse su primer BlackBerry cuando acompañó a su esposa al médico para averiguar el sexo del bebé. Sacó el Blackberry y empezó a escribir algo.

"Le pregunté ¿Qué estás haciendo? ", relató su esposa, Megan Gelaburt-McGee.

"Estaba diciéndole a todo el mundo que íbamos al médico para averiguar el sexo del bebé. Le dije ¡No mandes esa información! ".

Explicó que quería decírselo a sus mejores amigos directamente, aunque no necesariamente en persona. Dibujó el símbolo universal del sexo femenino en su barriga, le pidió a una amiga que le tomase una foto y se la envió por correo electrónico a una veintena de personas.

"No quería mantener en secreto el sexo del bebé, pero tampoco quería que mi prima se enterase por Facebook", afirmó.

Ya están surgiendo algunos indicios de lo que se considera buena educación en Internet. Del mismo modo que la gente se dio cuenta de que está mal hablar en voz alta por un teléfono celular en público, o apretar "responder a todos" cuando la respuesta a un correo electrónico le interesa sólo a una sola persona, está claro que no corresponde, por ejemplo, difundir imágenes que hacen quedar mal a una persona sin su consentimiento.
Cómo son las buenas costumbres en las redes socialesNuevas formas de conducta se generan en los usuarios de las redes sociales, ante conflictos o situaciones embarazosasFoto: Reuters

Anna Post, especialista en buenas costumbres, recomienda tomarse un momento antes de responder algo impulsivamente. De hecho, las respuestas impulsivas a "tweets" o novedades de Facebook tienden a causar problemas.

En julio, un funcionario de la municipalidad de Nueva York tuvo que renunciar por los comentarios que hizo en torno al arresto del profesor de Harvard Henry Louis Gates hijo, en un episodio de tintes raciales .

El funcionario, Lee Landor, tildó a Gates de racista e hizo un comentario peyorativo acerca del presidente Barack Obama. ¿La moraleja? Tome en cuenta a quién va dirigido el mensaje y si alguien puede llevar una queja a su jefe.

Hace una o dos décadas, era mal visto comunicar noticias importantes por vía electrónica en lugar de hacerlo por carta. Hoy los correos electrónicos son bastante aceptados, pero incluso la gente que se siente cómoda en ese medio no ve con agrado las redes sociales en línea.

Una persona promedio tiene 120 "amigos" en Facebook, según esa empresa. En la vida real, la gente tiene tres amigos muy cercanos y una veintena de buenos amigos, de acuerdo con Barry Wellman, sociólogo de la Universidad de Toronto. Esto quiere decir que la gente a menudo se olvida de quién está leyendo sus mensajes y baja la guardia.

"En Facebook se le dice amigo a gente que realmente no lo es", afirmó Wellman. "Muchos son conocidos o gente que fue alguna vez amiga".

Facebook hizo algunos estudios acerca de cómo decide la gente qué información compartir. En uno de ellos, un equipo dirigido por Cameron Marlow, un investigador de la compañía, analizó cómo es que se determina cuántas fotos se cuelgan. Resulta que no depende de la cantidad de amigos que aprueban las fotos apretando la tecla indicada o de la cantidad de comentarios que genera cada foto.

"Todo dependía más bien de la cantidad de fotos que habían subido los contactos", señaló. "Las normas sociales que están surgiendo giran en torno a lo que hacen los amigos".

Pubicada por el diario La Nación

martes 15 de septiembre de 2009

"Gran Hermano": de experimento sociológico a "freakshow" en 10 años

MADRID.- La primera emisión de 'Gran Hermano' marcó un antes y después en la televisión hace ahora diez años, cuando convirtió al mundo en un 'voyeur' y democratizó un concepto catódico que fue evolucionando desde el reflejo de la cotidianidad hasta el desfile de extravagancias.

"No tenía ni idea del fenómeno global que teníamos en nuestras manos. Cuando se nos ocurrió la idea estuvimos dos años desarrollándola y pensamos que estábamos trabajando en un formato local", explica en una entrevista Paul Römer, que junto a su hermano Bart, Patrick Scholtze y John De Mol alumbraron un fenómeno televisivo sin precedentes.

Desde entonces, el género del 'reality' empezó a copar la televisión, se inauguró el formato de programa con 24 horas de emisión y se puso a prueba la capacidad de interactuar con la audiencia de manera especialmente lucrativa.

Términos como 'confesionario' o 'nominaciones' adquirieron nuevos significados. Se crearon neologismos como 'edredoning' (sexo furtivo bajo las sábanas). Y el mundo asumió su papel de fisgón impune sin ningún tipo de pudor.

"Cuando un programa tiene algo de éxito se desencadena una espiral de audiencia 'porque todo el mundo lo ha visto' o 'todo el mundo habla de eso' o 'todo el mundo lo hace'. Es un modo de justificar nuestros comportamientos cuando no nos parecen muy adecuados o sencillamente absurdos", explica José Antonio Ruiz San Román, profesor de Sociología de la Facultad de Ciencias de la Información de la Universidad Complutense de Madrid.

Endemol, la productora que se hizo de oro con la gran idea, quiso dignificar su propuesta tomando como referencia al personaje omnipresente de '1984' de George Orwell, y combatía la polémica que causó encerrar a varias personas en una misma casa bajo vigilancia millonaria con su máscara de estudio sociológico.

"Gran Hermano es un espejo de la sociedad y en cada país los habitantes de la casa reflejan su propia cultura. Es por eso que 'Gran Hermano' siempre será relevante e interesante para los espectadores y el programa siempre estará de actualidad", sigue defendiendo Römer diez años después de aquél estreno el 16 de septiembre de 1999.

Sin embargo, Ruiz San Román desestima esta vocación antropológica. "Inicialmente se utilizó como argumento para justificar un programa arriesgado que estábamos ante un experimento sociológico. En realidad estamos y estábamos ante un programa de televisión en busca de espectadores".

"Al principio, resultó llamativo el formato. Ahora, como el formato ya no es novedoso requiere protagonistas lo más extravagantes posibles", argumenta. "Es como ir al zoo: la primera vez te llama la atención todo. Cuando has ido varias veces, necesitas ver ejemplares más exóticos para que merezca la pena mirar un rato".

Y así, si hay que hablar de interés sociológico, no habría que apuntar hacia cuestiones de convivencia o de audiencia enganchada a la intimidad ajena. "La cuestión es saber hasta dónde está dispuesto alguien a mostrarse ante una cámara", señala.

< style="font-weight: normal;">Jane Goody, que luego mediatizó su muerte por cáncer, fue la expresión más radical de esta cuestión. Pero Gran Hermano ha visto pasar por sus casas de todo el mundo (67 países lo emiten hoy en día) a sacerdotes con conflictos de fe, prostitutas y 'strippers', transexuales, mujeres con enanismo que luego han realizado sesiones de fotos eróticas o disminuidos físicos.

"La selección para Gran Hermano está hecha a conciencia. Intentaron decirnos que era gente corriente: no era exactamente así. Es gente que busca descaradamente la fama, o al menos llamar la atención, por el motivo que sea. Los perfiles sociológicos de la población de los que disponemos no son los de los protagonistas de Gran Hermano. Probablemente también eso sea parte del éxito", asegura Ruiz San Román.

Efectivamente, el éxito de las primeras ediciones, que integraron a sus participantes en programas de tertulia, en portadas de revistas y en la opinión pública, han convertido 'Gran Hermano' no en un concurso por hacerse con el premio final, sino en una escuela de este 'subgénero' de famoso.

De hecho, el propio programa desembocó en el "Gran Hermano V.I.P." en algunos países, entre ellos España, y en él, entre los participantes figuraban antiguos concursantes del Gran Hermano original pero ya convertidos en 'celebrities'.

Esta ambición fue utilizada de su manera más radical recientemente en Turquía, donde bajo el señuelo de un 'Gran Hermano' nueve mujeres fueron secuestradas durante dos meses.

Pero a pesar de los efectos colaterales, de que se han creado 'realities' buscando adelgazamiento, cirugía estética, mujeres parturientas o convictos, Römer asegura: "Estoy muy orgulloso de 'Gran Hermano' y de todas sus evoluciones. Los otros 'realities' ya no son mi responsabilidad, porque aunque 'Gran Hermano' popularizó el formato, éste existía antes de 1999".

Publicada por el diario El Mundo.

lunes 31 de agosto de 2009

Hablar por celular no es lo que importa


Para la cartera de la dama y el bolsillo del caballero, comprando este equipo usted tendrá MP3, MP4, cámara digital, internet, GPS, pantalla touchscreen, sensor de movimiento… y también podrá comunicarse con otras personas. Poco a poco, los argentinos relegan la función primordial que tenía el teléfono móvil, poder estar comunicados, para caer rendidos a los pies de la multifuncionalidad cada vez más variada. Nueve de cada diez personas prefieren utilizar funciones del celular que exceden a la simple comunicación. Así lo demostró el estudio permanente de celulares realizado por la consultora D’Alessio IROL, para el que fueron consultados más de 500 usuarios de todo el país.

Según el informe, son tres las funciones más valoradas por la gente a la hora de elegir su celular: la cámara de fotos, el paquete del entretenimiento que, según el modelo de aparato, puede contar con las opciones de MP3, MP4, envío de mensajes y juegos, y el acceso a internet, que permite el envío de mails, la navegación, el chat.

“Cuantas más cosas tenga, mejor”, dice Facundo Cuello, de 17 años, a quien le encanta que su celular le sirva “para todo”. Para los adolescentes, el móvil es considerado su “amigo fiel” y usan siete funciones en promedio. En el caso de los mayores de 55 años, apenas utilizan cuatro funciones y privilegian la cámara digital y la agenda.

Estás viejo, ya no te quiero.
El celular se convirtió en un complemento que se suma al look y al estilo de cada personalidad y al que hay que cambiar según va pasando la moda. A la pregunta ¿tiene pensado cambiar su equipo en los próximos tres meses?, un 5% de las personas de hasta 34 años respondió que sí, entre los de 35 y 44 años, el 7% dijo que sí y entre los mayores de 45 años, el 12% admitió la posibilidad. Contrariamente a lo que se puede suponer, los que tienen mayor intención de cambio de equipo de celular son los adultos, probablemente porque los más jóvenes ya se iniciaron con modelos más vanguardistas.

Ricardo Bassi tiene 55 años, es empresario y admite que hace un mes está pensando en reemplazar su celular por otro. “Lo comparé con los de mis compañeros de trabajo y veo que me estoy quedando atrás, por ejemplo yo no puedo compartir videos o enviar correos”, dice Bassi. Los usuarios corporativos suelen buscar equipos relacionados con el correo móvil, donde se privilegia un teclado amplio y velocidad de navegación. Según el informe, los motivos por los que se cambiará el celular son un 67% por innovación y un 24% por funcionalidad. Jorgelina Basano tiene 21 años, estudia diseño gráfico y se reconoce fanática de los celulares. “Me gusta que mis amigos vean que tengo lo último –dice–. Cuando otro tiene uno más nuevo que el mío, ni lo saco de mi cartera”.

La funcionalidad también es de importancia: entre los menores de 24 años, se busca cada vez más aumentar la capacidad de memoria de los teléfonos móviles para aprovechar al máximo las funciones MP3, MP4 y juegos. Malena Cendra tiene 15 años y admite que usa mucho su teléfono celular: “Está bueno que el celu venga con muchas funciones así no tengo que llevar muchos aparatos (MP3, cámara digital, etc) y si me roban no me llevan tantas cosas de valor”.


En la composición de la venta de celulares está demostrada la tendencia hacia aparatos cada vez más caros y complejos: “Los que tienen cámaras ya superan el 80 % de las unidades vendidas, y las ventas de terminales con bluetooth y cámaras de más de un megapixel crecen cerca de un 20 % por año”, afirma Diego Batlle, gerente de terminales de Movistar, quien también asegura que “los clientes de hoy son más exigentes y suelen saber muy bien lo que quieren”.

El celular y yo. “Cuantos más chiches tenga, siento que estoy más preparado para cualquier inconveniente”, dice Mauricio Prinzo, de 30 años, y agrega: “Si me preguntás qué me llevaría a una isla desierta, te digo el celular”. El hecho de la multiplicidad de funciones en un solo aparato, “la magia del todo en uno”, hace más seductoras a las ofertas. “Las personas consumen para tapar la sensación de falta que tiene todo ser humano. Pero esto nunca llega a lograrse y el celular, más que conectarnos con los otros, nos aisla en un mundo compacto y multimedial”, dice José Sahovaler, psicoanalista especialista en niños y adolescentes de la Asociación Psicoanalítica Argentina (APA)

“Si no lo tengo me siento perdido”, expresa Roberto Fleitas de 23 años, estudiante de abogacía. Es que el aparato móvil no es ya sólo un teléfono, “es un objeto acompañante. Como la mano de mamá, con la que me siento acompañado y sostenido y que aunque no tenga que usarlo me gusta sentir que siempre está”, explica Sahovaler.


Publicada por el diario
Crítica.